viernes 26 de diciembre de 2008

LA PATA DEL MONO
(Artículo publicado en el Diario de Pontevedra el día 18 de marzo de 2005)

Era una de aquellas historias para no dormir de Narciso Ibáñez Serrador. He olvidado los detalles, tras más de cuarenta años, pero esencialmente era algo así:
Un extraño personaje, acogido en una noche de tormenta por una pareja de ancianos, les deja un talismán (la pata disecada de un mono) que les concederá tres deseos, advirtiéndoles que mediten bien antes de cada uno de ellos, porque entrañan un peligro. Codiciosos, piden una gran cantidad de dinero, y al día siguiente conocen la muerte accidental de su hijo, ausente, y que percibirán, como indemnización, justamente la cantidad solicitada.
Como aún le quedan dos deseos, piden al talismán la resurrección de su hijo, y efectivamente el joven vuelve… (¡qué puestas en escena las de Chicho…!) como un putrefacto cadáver viviente, por lo que, empleando el último deseo, piden que se vaya… y aquí acaba el cuento.
Tal me vino a la memoria con la historia de ENCE. El primer deseo de prosperidad para la comarca se tradujo en la llegada de una industria putrefacta, y luego de los efectos no deseados, en la petición de que se vaya (los viejos podían haber deseado otra cosa mejor para el hijo, qué demonio), tras de lo cual quedará solo el daño ya hecho, sin otra compensación.
Lo visceral de los análisis que llevan a desear sobre todo que se vaya, al margen de cualquier otra consideración, lo demuestra el argumento último subyacente en las personas con las que discutimos el tema: “es que huele mal”. Innegable. Es una industria molesta, por encima de lo nociva o peligrosa que pueda ser. Y la prueba es que, en medio de esto, se pone en segundo plano el peligro real que constituye ELNOSA, industria que es posible trasladar, innecesaria para el actual proceso productivo y de la que en el fondo nadie se acuerda porque no huele. Hoy, hablar del Complejo ENCE-ELNOSA es confundir.
No es confundir, en cambio, hablar de un Complejo ENCE-PAPELERA, porque el cierre del proceso productivo entrañaría muchas ventajas, tanto económicas como sociales y ecológicas. Pues sí señor, ECOLÓGICAS, como trataré de demostrar.
Económicamente, la papelera permitiría el aprovechamiento inmediato de la pasta, sin gastos de transporte (que es gasto de energía), además de eliminar la necesidad de desecarla para volver a humedecerla en destino: doble gasto de agua, aquí y allá, y más gasto innecesario de energía. Además, la papelera permitiría el surgimiento de otras industrias auxiliares más, como las dedicadas a embalaje, etiquetado, etc. En definitiva, ¿para qué tanta ampliación del puerto de Marín y del suelo industrial en terrenos ganados al mar (perjuicio ecológico entonces minimizado), tanta batalla por el tren por parte del gobierno municipal, para oponerse luego a la industria más lógica para situar en la zona? Y no olvidemos que la producción local de papel tisú abastecería a un amplio entorno en el que no hay ninguna industria semejante, mientras que la exportación a larga distancia de la pasta está sujeta a los precios del dólar y de la energía, cuya estabilidad es más que problemática.
Socialmente, nadie ignora la base que es en la economía de esta provincia el sector forestal, lo que supone el transporte de la madera, y tantos empleos directos e indirectos ya existentes, a los que habría que añadir los potenciales, mucho más numerosos, que se crearían con la papelera y sus industrias auxiliares. Y el efecto sinérgico que el auge forestal supondría para otras industrias como la del mueble, y de aquí al diseño, etc… (bueno, no quería contar ahora el cuento de la lechera).
Ecológicamente, el planeta es un todo; si estamos dispuestos a eliminar el consumo de papel, adelante. En otro caso, lo que no se haga aquí se hará en otra parte, con el mismo efecto global. Si no la queremos para nosotros, no deberíamos quererla para nadie. Y ya hemos dicho más arriba que completar el ciclo supone ahorro de energía por varios conceptos. Sobre todo, aunque no únicamente, en transporte, que pronto será el primer freno de cualquier proceso productivo; (también, de paso, de la globalización neoliberal).
Los aspectos más contaminantes del proceso productivo de ENCE están de hecho eliminados, sobre todo desde que las acciones de GREENPEACE y los consiguientes cambios de las leyes europeas llevaron a la empresa al blanqueo con oxígeno. El olor es otra cosa, que es contaminación en la misma medida que lo es el ruido, y menos que los gases de los automóviles. Lo demás que queda es cumplir la legislación.
Los que hablan de traslado, saben perfectamente que no es posible. Que solamente puede desmontarse y construir otra nueva en otro lugar; y no precisamente en cualquier lugar, sino en alguno muy semejante. Derribar y construir no son procesos ecológicos, cosa que deliberadamente ignoran los economistas de la tierra plana, para quienes mover capital, aunque sea destruyendo, es crear riqueza. Si este amable medio de comunicación me lo permite, algún día hablaré aquí de economía, de externalización de costes y de coste generalizado.
Y además, la ecología incluye al ser humano. La permanencia de las personas en su tierra se logra, como la del oso o la del lince, manteniendo su ecosistema (que por cierto hemos de ir mejorando), y no a costa de eliminar de un plumazo sus medios de subsistencia.
Nuestro modo de producción capitalista se parece al tren de Los hermanos Marx en el Oeste. Para mantenerlo en marcha hay que quemar el tren, vagón a vagón. El tren avanza acelerando (con crecimiento económico del 3% anual, para que no haya crisis), y se encuentra cerca del abismo de una crisis energética casi inminente. Seguramente la tecnología permita pasar al otro lado, pero a condición de frenar el tren para darle tiempo.
Pero el tren no se debe parar poniendo una roca en la vía. No podemos desindustrializar a lo loco eliminando el empleo de calidad. La eliminación de nuestro sector forestal realmente existente sólo conduce a la deslocalización y al abaratamiento de la fuerza de trabajo, eterna solución del capital para compensar el aumento de otros costes, porque lo único intocable en este modo de producción es el beneficio. Es hora de pensar en otras soluciones.
Creo que debemos cuidar lo que tenemos y exigir compensaciones por sus servidumbres, soportadas por razones ya históricas. Pero si Pontevedra es solidaria con los demás, séanlo los demás con ella: reciba los cánones que sea justo exigir, dótesela de ventajas económicas, créese empleo de calidad, móntense servicios sociales decentes (¿hablamos de la Sanidad, de los hospitales?), foméntese la universidad, articúlese su sustento, y no sólo con el turismo, al que no veo tanto futuro ante la crisis que se avecina.
No nos pase como a los pobres viejos del cuento de la pata del mono, con el cumplimiento de nuestros tres deseos.
(2005, jun) La antigua y noble ciudad de Hamelin dormitaba junto a su ría. El flautista oportunista

La antigua y noble ciudad de Hamelin dormitaba junto a su ría. El lento paso del tiempo iba produciendo cambios, que no eran bastantes para alterar su paz. A veces eran saludados como señales de la llegada del Progreso, mítica deidad a cuyos favores aspiraban los sensatos e ilustrados ciudadanos, estimulados por las noticias que llegaban de los cambios que se sucedían vertiginosamente en otros pagos.
Pero un mal día, una plaga se abatió sobre ellos. Miríadas invisibles de partículas hediondas, llegadas de las mismas márgenes de la idílica ría, comenzaron a invadir sus narices, de forma insidiosa y persistente, sin pedir permiso. Sólo entonces fueron conscientes de su felicidad anterior, del Paraíso Perdido, y desearon y por mil maneras buscaron que Alguien los librara de la plaga.
Con ocasión de celebrarse en el País un cuatrienal Certamen Nacional de Flauta, diversos músicos actuaban por doquier. También aparecieron en la ciudad. Y fue un astuto flautista quien halló así la oportunidad de obtener pingüe beneficio.
El flautista prometió a los probos y sufridos ciudadanos que él se llevaría el mal olor a Otra Parte. Sabía que en la mágica idea del Traslado coincidirían más ciudadanos que en la más radical de la supresión pura y dura, porque gente tan apacible y sensata no era dada a las grandes mudanzas, y porque muchos asociaban el olor a algún otro efecto beneficioso. El Traslado no alejaría demasiado ese efecto pero les devolvería el perfil perdido de su paisaje.
El flautista tocó una melodía adecuada. Aunque otros músicos no estaban muy de acuerdo con la partitura, y sabían que el traslado era una oferta válida sólo localmente, y con los días contados, hasta la adjudicación del premio en el Gran Certamen, no se atrevieron a sufrir el anatema público por oponerse y marcharon tras él. Y aún se permitió amonestar a los que no marcharon personalmente, aunque enviasen delegados, y denostar a éstos por no ser suficientemente marchosos.
...............
El BNG flautista podría pedir directamente el cierre de ENCE, pero sabe que es una industria de carácter estratégico y que Galicia no debería prescindir de ella. Ni siquiera la comarca puede prescindir, como se desprende de los datos del Plan Directorio de Estratexias nos municipios da Área Territorial de Pontevedra, encargado por el propio gobierno municipal, que puede consultarse en http://www.pettra.es/.
Pero al pedir el traslado, y no el cierre, el tema está condenado a la nevera en cuanto pasen las elecciones, porque cualquier ubicación posible se parecería a la actual, con los mismos problemas, y generaría además conflictos entre diversos localismos, cosa que unos ciudadanos tratados como niños no ven por ahora, ni los ratones políticos quieren sacar a la luz. Quieren aplazar el debate de fondo: exactamente como el PP, tras los atentados del 11-M, trató de ganar tiempo, intentando mantener su engaño hasta que pasaran las elecciones.
Tras éstas, un debate sereno y a fondo mostrará las falacias que se esconden en las febles argumentaciones, y también en la falta de deseo de abordarlas a fondo.
Pero para entonces el flautista principal y los gordos ratones que lo siguen (y que tal vez medren aún más que él) habrán cumplido sus objetivos.
Todos lo sabemos: las promesas electorales de los partidos de más éxito suelen hacerse sin intención de cumplirlas.
(2004, oct ) Preámbulo a un Informe Político

Bajo el lema “¿Quién tiene miedo a Marx?”, y coincidiendo con el centenario de su muerte, el historiador Pierre Vilar pronunció en 1983 una conferencia inaugural en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París; recordaba en ella la proliferación de ideología marxista de los años 60 y 70, en comparación con su desprestigio y olvido posterior, y hacía notar que “probablemente, la ‘moda Marx’ correspondió a un gran momento del capitalismo, y la moda ‘anti-Marx’ a su misma crisis general”.
No es éste lugar ni momento para explicar las razones de este desfase, tan frecuente en muchos momentos de la historia, entre las condiciones objetivas de una época y el modo en que las perciben los protagonistas (las llamadas condiciones subjetivas); pero sirva la cita para alertar sobre cómo se da esta circunstancia ahora mismo, cuando, junto a la presencia de una crisis, tal vez terminal, del modo de producción, vemos la ausencia de una crítica fuerte, y los discursos de la izquierda se endulzan, para acercarse a los planteamientos generalmente aceptados por el sistema.
Decía Vilar en esa misma conferencia que “la originalidad de Marx es exigir una toma de consciencia de la dimensión histórica. Y particularmente de los fenómenos de larga duración. Las transiciones entre dos modos de producción son cosa de siglos”.
Y en lugar de esta consciencia de la dimensión histórica nos encontramos con una desconfianza hacia nuestras propias propuestas de ayer mismo, sin plantearnos su vigencia y rabiosa actualidad, y sobre todo su anticipación de tiempos aún por venir, para adaptarlas a oportunismos efímeros que siguen simplemente una ola de corrimiento a la derecha propiciada por el sistema en sus esfuerzos por ganar tiempo y reconducir la crisis en su beneficio.
Porque probablemente la crisis a cuyos comienzos asistimos tendrá un final mucho más brusco de lo que piensa la mayoría. Y probablemente coja a quien no esté atento con el paso cambiado.
Frente a los esfuerzos de la ideología dominante por defender un desarrollo sostenible tenemos que entender que ambos términos son intrínsecamente contradictorios. Ningún desarrollo es sostenible indefinidamente en un mundo limitado y con recursos muy próximos a su agotamiento.
Según la conocida ley de Liebig, la falta de un único factor limitante basta para detener el crecimiento de un ser vivo, e igual puede decirse de una sociedad, cosa que ha ocurrido más de una vez en la historia de las civilizaciones. En nuestro tiempo, el factor limitante es la energía no renovable, y cualquier desarrollo previsible de las fuentes renovables queda muy por detrás, no ya de las necesidades futuras del sistema, sino de las actuales, aunque pudieran quedar congeladas en los actuales niveles.
Y no es precisamente de congelarlas de lo que hablan nuestros flamantes economistas, sino de que crecimientos de la economía por debajo del 3% son incapaces de mantener el empleo en sus niveles actuales, dada la productividad creciente que va expulsando del mundo laboral cada vez a más trabajadores para producir lo mismo. Asimismo se nos dice que es necesario el aumento de la población para que las nuevas generaciones, empleadas por esa economía creciente, puedan sostener el sistema de pensiones.
Así que el sistema capitalista actual, que no concibe la producción más que a través del crecimiento continuo de la masa de capital y del beneficio que éste obtiene, y que ve el empleo subordinado a ese crecimiento, huye hacia delante: cada vez necesita menos población para producir lo mismo, y en consecuencia producir más para mantener el empleo, pero necesita más población para justificar esa producción creciente y para consumir lo que produce. Población que no puede mantener sin producir, so pena de que “sobreviva” sin consumir.
Las crisis periódicas, que en los años del estado de bienestar socialdemócrata se daban por definitivamente desaparecidas, son sustituidas ahora por la crisis permanente. Y continuamente se sale de cada una de sus fases agudas con nuevos “crecimientos”… que agudizan aún mas la insostenibilidad.
En su fase actual, una de las salidas es producir “bienes” que, como el armamento, puedan ser “consumidos” sin consumidores (no deberíamos considerar como tales a las víctimas de su empleo). Recordaba hace poco Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos de la universidad de Barcelona, en los desayunos de TVE, cómo un economista bastante cínico aconsejaba, para los tiempos que se avecinan, invertir en: 1º: oro; 2º: energías alternativas; 3º: hidrocarburos; 4º: industrias de armamento.
En pocos años, la producción de petróleo comenzará a disminuir sensiblemente, mientras que la demanda no cesa de aumentar. Ya en nuestros días asistimos a un ascenso imparable de los precios. Las únicas correcciones no terribles de la situación pasan por un cambio urgente del propio modo de producción: es el mismo capitalismo lo que hay que sustituir, porque inevitablemente su pervivencia en cualquiera de sus formas conduce inevitablemente al colapso, porque tarde o temprano el proceso de acumulación tumoral se repetiría, aún en una sociedad en involución: nos aguardaría un futuro de tipo Mad Max.
Así que ya no son posibles planteamientos no radicales. Tenemos que decir la verdad, aunque no resulte simpática. Por las circunstancias de nuestra transición vivimos para la coyuntura electoral, procurando no asustar con propuestas demasiado a contrapelo del sistema, pero para tratar de convencer a los ofendidos no podemos ofender a los convencidos. Cuando dulcificamos nuestro discurso para acomodarlo a una mayoría que, por desinformación sobre todo, está a nuestra derecha, defraudamos por completo a la gente de izquierda que, con una conciencia creciente, busca propuestas más audaces. Y como resultado real acabamos pareciendo una versión B del PSOE, del que no arañaremos así un solo voto, pero que nos los irá arrebatando inexorablemente. En todo caso, también conviene huir del radicalismo aventurero frecuente en los grupúsculos que tan bien conocemos. Nuestro programa de siempre es más que suficiente, porque contiene propuestas que el sistema no puede digerir.
Nuestro crecimiento futuro está en otra parte, y no en la imitación de unos supuestos verdes que no tienen de tales más que el nombre, porque no han sido capaces de sacar las consecuencias anticapitalistas de su impreciso ideario bienpensante. Como muestra véanse los gobiernos en que participan y sus planteamientos tan bien integrados en el sistema.
Con esta idea central, es evidente que una propuesta claramente anticapitalista tiene que mantener como elemento central a la clase trabajadora, pero evitando tomar partido en los (falseados) conflictos, que el sistema propicia, entre empleados y desempleados, entre quienes tienen contratos fijos y los eventuales, entre trabajadores jóvenes y los próximos a la jubilación, entre nativos e inmigrantes: los problemas son de todos, y deben solucionarse sin marginar a nadie, buscando atraerse una clientela a la que favorecer antes que a otros.
Izquierda Unida surgió como una propuesta destinada a aglutinar en torno a un programa, no solamente a quienes se reunieron en torno al movimiento obrero y al Partido Comunista, sino a mucha gente que todavía no comparte en todo nuestras ideas, aunque sí una visión transformadora de la sociedad. Pero sin abdicar un ápice de nuestras metas ni escamotear nuestro papel dentro de una nueva refundación. Si fue válida la formulación inicial, ¿qué nos obliga ahora a reformularla con unos parámetros menos claros?


sábado 1 de marzo de 2008

¿"DESENVOLVEMENTO SOSTIBLE"...?
Juanjo Guirado

A característica que mellor define á nosa civilización capitalista é, desde hai moito tempo, a aceleración progresiva dos seus cambios de todo tipo. Aínda que a idea de progreso indefinido é anterior, non foi doado ver o seu carácter acelerado. Imperceptible ao principio, entra na conciencia a partir dos séculos XVI e XVII, faise evidente no XVIII e no XIX celébrase con euforia.
Este sesgo desarrollista é consustancial a este modo de produción, porque a lóxica do beneficio é a lóxica da acumulación sen límite. O destino de calquera capital é medrar: no circuíto da produción de mercancías faino apoderándose de traballo vivo; no da circulación, mediante a desigualdade nos intercambios.
As crises cíclicas destrúen periodicamente inxentes cantidades de mercancías e ocasionan depresións e paradas no proceso de acumulación, pero, ata o de hoxe, o capital sempre renaceu das súas cinzas nunha continua reprodución ampliada. Ata o de hoxe.
O que medra é traballo morto, acumulado en forma de capital, de mercancías. E non se trata só de traballo humano: tamén é traballo da natureza, fornecido en forma de enerxía e de materias primas.
Pero só ata un límite facilita a natureza materiais renovables para este crecemento. Nalgún momento os elementos non renovables dispoñibles esgotaranse para sempre. Pero os renovables esgótanse tamén, porque non poden producirse de forma indefinida a un ritmo sempre crecente. É máis que evidente o caso da enerxía fósil, que procede do sol, e se foi acumulando lentamente ao longo de centos de millóns de anos, para ser consumida a velocidade un millón de veces maior.
E non só se esgotan as materiais e a capacidade para poñelos a traballar. Cun crecemento ilimitado, a propia natureza no seu conxunto degradaríase ata a súa destrución absoluta, anegada nun mar de residuos. Os equilibrios delicados que evolucionaron durante millóns de anos poden quedar estragádevos nunhas poucas décadas.
Sen crecemento continuado das forzas produtivas (produtivo-destrutivas, máis ben, para considerar o outro prato da balanza deste proceso) o que se vén de feito embaixo é o capitalismo, un sistema baseado exclusivamente na posibilidade de acumular.
Sorprende a primeira vista a resistencia colectiva a admitir esta realidade. Parece coma se soslayarla protexésenos dos seus efectos. Quen si empeñan en sinalala fanse merecedores do cualificativo de aguafiestas.
Sen embargo, é pouco crible que quen de verdade dominan o planeta e súas estrategos (instaládevos nos chamados "tanques do pensamento", os poderes das finanzas e os gobernos na sombra que están sen dúbida detrás de dos gobernos á luz do día) non estean continuamente elaborando plans para adaptar os escenarios de futuro previsibles aos seus propios xuros.
E o seu poder de manipulación é moi grande. Sen que podamos evitalo, deciden, a través dos seus medios de comunicación, témalos que preocupan á opinión publica (se lles chama creadores de opinión); marcan a súa axenda aos partidos políticos, e conforman en gran medida o pensamento de todos nós.
O que non aparece nos medios, non existe. E os medios van recoñecendo as verdades soamente na medida que o sistema pode dixerilas.
Así, o efecto de destrución da capa de ozono foi amplamente recoñecido, e se comezoulle a poñer remedio, só cando houbo refrigerantes alternativos, rendibles para as empresas que producíanos.
De igual modo, o quecemento global pasou a ser un problema cando o sistema comeza a confiar nos biocombustibles, que supoñen novas oportunidades de negocio, a pesar de entrar en funesta competencia coa produción de alimentos e coa conservación do pouco que vai quedando de biodiversidade e de natureza virxe.
Pero pouco fálase da crise enerxética global que se avecina, e resólvese maxicamente falando de enerxías renovables (eólica, solar, mareomotriz...), sen aclarar a imposibilidade de reponerlas á velocidade voraz do consumo actual, habida conta de que todas proceden en definitiva da solar, que se produce (lémbrese) un millón de veces máis lentamente do que se consume.
Así escamoteada a realidade, non cabe dúbida de que os plans reais dos donos do capital pasan pola exclusión da gran maioría da humanidade, incluíndo no momento oportuno a destrución física dos sobrantes non utilizables.
Pensemos agora que nalgún momento nós mesmos, a maioría de nós, e non só as poboacións do terceiro mundo, podemos estar na lista de excluibles. E non falta tanto para unha crise de escala planetaria, porque a moi curto prazo a produción de enerxía vai quedar definitivamente por debaixo da demanda (que, como era de esperar, non se expoñen que deixe de medrar).
Pensemos tamén que a maioría de nós, aínda os relativamente acomodádevos, non deixamos de ser asalariados, e que aínda o que posúa unha ou dúas vivendas, un coche ou dous, algún diñeiro aforrado nun fondo de investimento ou outras pequenas migajas do capitalismo popular, non poderá vivir durante moito tempo dese "capital" se perde o seu emprego definitivamente. Tal vez deixemos de sentirnos parte dese mundo do capital, tan fráxil en definitiva, e que nos leva indefectiblemente á ruína, a escala planetaria.

Decrecer?

Suscítase entón a necesidade de reducir o consumo de enerxía e materiais para adaptarnos á dispoñibilidade decrecente. É certo que pode aumentarse a eficiencia, con novas técnicas, novas materiais; pero a experiencia é que moitas veces a eficiencia, en lugar de reducir o consumo, axuda a disparalo, ao aumentar a esperanza de poder saír da situación de agobio. A fe tecnolóxica é máis un factor negativo que positivo á hora de resolver de verdade o problema.
Unha característica do capitalismo é que polariza as sociedades, creando un polo de abundancia fronte a outro de miseria. Nas fases de crecemento este efecto se pode disimular tras un certo reparto da riqueza sobrante. Nas crise, contrariamente, o capital busca a súa salvación empeorando as condicións de traballo e esixindo maior productividade a menos xente e a cambio de salarios menores.
Por esa enorme desigualdade de partida non se debe falar de decrecemento de modo abstracto e xeneralizado, porque hai sociedades e capas sociais que en todo caso aínda deberán medrar para saír de condicións infrahumanas.
Entón atopámonos con que as condicións da produción de bens e servizos non poden deixarse ao arbitrio das necesidades de salvación do capital a través dos mecanismos do mercado, que nos son presentados como imparciais e non manipulados, pero o certo é que o mercado ideal transparente de libre concorrencia que imaxinan os economistas é case inexistente.
Han de pasar a primeiro plano procesos de definición democrática do que hai que producir, para axeitarse ás verdadeiras necesidades, en lugar dunha produción encamiñada ao lucro. E isto obriga a establecer prioridades que non teñen por que ser precisamente as que produzan máis beneficio monetario.

Planificación da produción

En definitiva, trátase de planificar. Hai que ter en conta que eses poderes que nos impuxeron o neoliberalismo tamén planifican, pero con fins diferentes dos nosos.
A planificación democrática ten que empezar por reducir o consumo de enerxía. No transporte, en primeiro lugar, pero tamén na construción, na industria, na agricultura. Pero sen deixar de producir o indispensable. Alimentación, saúde, vivenda, educación, para todos, son prioridades absolutas.
Esta economía global tráenos produtos agrícolas do outro extremo do mundo, porque o transporte é aínda barato, e produtos manufacturados en países pobres porque a sobreexplotación que sofren os seus traballadores compensa aínda de sobra ese prezo baixo do transporte. Pero nun escenario xa próximo haberá que reducir tanto o consumo como a distancia percorrida polos produtos. As rexións haberán de ser máis e máis autosuficientes, contando cos seus propios recursos.

Ordenación do territorio

Prepararse para o futuro esixe facer en cada lugar un inventario dos recursos próximos, máis acá da conxuntura mercantil, que é racional a cortísimo prazo, pero por completo irracional no medio e longo. Recursos da natureza en primeiro lugar, colaborando con ela máis que explotándoa (á natureza se domínaa só se se lle obedece). Desde esta óptica hai que considerar a dispoñibilidade da riqueza mineral, agrícola, ganadera e forestal e a dispoñibilidade de enerxías renovables.
Os asentamientos humanos e os lugares onde trabállase deben achegarse. A transhumancia diaria dos chamados commuters é un desatino de ineficiencia, tanto enerxética e medioambiental como de uso racional do tempo perdido nos desprazamentos. E está en gran medida determinada pola propiedade da vivenda en propiedade, que fixa aos traballadores sobre o terreo, máis aínda cando a inestabilidade no emprego non permite asegurar unha mudanza de residencia máis ou menos permanente.
No que fai ás comunicacións, a súa mellora se expón soamente para satisfacer a demanda crecente de transporte, tanto en volume como en rapidez. Non hai máis que ver o Plan Nacional de Infraestruturas, que de realizarse colocaríanos á cabeza do mundo mundial en autoestradas e trens de alta velocidade.
O que procedería é remediar perante todo as carencias máis acuciantes, as vías máis abandonadas, e equilibrar unhas redes que en vez de comunicar as zonas abandonadas axudan a deixalas baleiras.
O desenvolvemento turístico é unha suposta fonte de riqueza, quimera cos pés de barro. Porque depende moito de dúas circunstancias problemáticas, que son o transporte barato que o fai posible e a bonanza económica que fíxoo masivo. Seu corolario é outra adaptación á conxuntura, cunha explosión construtora sen precedentes, destinada máis aos que menos necesitan de vivenda. Trala crise das hipotecas e o probable final do proceso de azulexado do país, veremos a onde conduciu crer que desenvolvemento é simple crecemento físico, e sobre todo contable.
Enunciaremos algúns puntos a ter en conta ao elaborar propostas concretas que armonicen a satisfacción dos desexos, aspiracións e necesidades das persoas coa posibilidade e conveniencia real de satisfacerlas, tendo en conta que sempre o coñecemento da realidade é previo ao establecemento de calquera obxectivo.
Dous eixes vertebran estas propostas: por unha parte, a necesidade de conter o crecemento desbocado e imposible, sen deixar de satisfacer o esencial. Por outra, a confianza en logralo a través da iniciativa pública, participativa, afastada do interese privado de lucro pero tamén do burocratismo, que contrapoña un ético "o de todos é tamén meu" ao interesado e miope "o de todos non é de ninguén".

Comunicacións

• Revisión das necesidades de infraestruturas, considerando que o aumento da oferta non sempre se limita a satisfacer a demanda, senón que a miúdo a dispara por un efecto de rebote (paradoxo de Jevons).
• Adecuación destas infraestruturas a previsións estratéxicas encamiñadas a un novo equilibrio territorial, nas condicións, previsibles, de adaptación a unha de crise de decrecemento.
• Moratoria na construción de novas autovías e autoestradas, agás situacións de necesidade moi concreta.
• Paralización da construción de novas liñas ferroviarias de alta velocidade.
• Atención ás liñas férreas de alta capacidade e boa velocidade, modernizando a rede no seu conxunto, extendiéndola onde sexa racionalmente necesario, fronte á política de cancelación de liñas dos últimos tempos.
• Estratexias para a diminución do transporte por estrada, consecuente co acusado déficit do noso país en combustibles fósiles.
• Atención ao transporte público, creando un sistema xeral de interconexiones que reduza a necesidade de usar o vehículo privado.
• Revisión das concesións ás empresas de transporte, esixindo condicións precisas na prestación dos seus servizos, e eliminando aquelas cláusulas que impidan na práctica cancelalas no caso de non cumprirse estrictamente as condicións en que fosen concedidas.

Urbanismo e vivenda

POLÍTICAS DE CHAN
• Planeamento que prime á cidade compacta fronte á difusa, establecendo límites, tanto máximo como mínimo, ás densidades de edificación. En chan residencial non deberían permitirse edificabilidades menores de 0,5 m2/m2.
• A acción urbanizadora pública debe ser preferente, e subsidiaria a privada.
• Iniciativa pública para as transformacións urbanísticas, pero con posibilidade de intervención dos propietarios do chan. Os axentes privados non vinculados á propiedade poderían actuar só en caso de incumprimento.
• Fixar nun 30% a edificabilidad suxeita a protección pública, sinalando a estas vivendas un prezo máximo de venda ou aluguer.
• Asignación prioritaria das reservas de chan público residencial a programas de vivenda pública.
• Identificación do chan rural como un valor en si.
• Cesión mínima obrigatoria á administración dun 10% do aproveitamento, sen fixar máximo.
• Impedir a aprobación de instrumentos de ordenación territorial e urbanística sen garantir seu sostenibilidade ambiental e económica.
• Evitar a monetarización das cesións obrigatorias.
• Garantir nas actuacións o realojo dos ocupantes e a indemnización por traslado de actividade.
• Fixar como preferente o réxime de aluguer nas actuacións de vivenda sobre patrimonios públicos de chan.
• Prohibición por 20 anos para actuar en terreos de nova urbanización declarados ilegais.
• As Comunidades Autónomas substituirán aos concellos se estes incumpren os obxectivos da lei.

APROVEITAMENTO DO EXISTENTE, FRONTE A NOVA CONSTRUCIÓN
• Prioridade das actuacións de rehabilitación fronte ás de nova construción, agás casos moi xustificádevos. Antes de continuar a expansión da cidade debe recuperarse e mellorarse a cidade consolidada.
• En zonas con necesidade urxente de vivendas deben gravarse fortemente as vivendas baleiras.

POLÍTICAS DE AXUDA PÚBLICA Á VIVENDA
• Aumentar o gasto público estatal en vivenda, moi inferior á media europea, e reorientarlo desde o indirecto dirixido á promoción e compra (beneficios fiscais) para o gasto directo e políticas activas.
• Reorientar o soporte á promoción e compra para a promoción do aluguer accesible.
• Abandono progresivo do modelo de vivenda protexida en propiedade.
• As axudas deben vincularse ás persoas, seguindo criterios de renda e patrimonio, e non aos inmobles con independencia das circunstancias socioeconómicas do beneficiario.

CONDICIÓNS DE DESEÑO DA CIDADE
• O crecemento urbano debe conformarse en torno a corredores susceptibles de ser servidos por liñas de transporte público de alta capacidade.
• A consideración de itinerarios e paradas dos distintos medios do transporte público (ferrocarrís, metro, tranvías, autobúses) debe integrarse no proceso de decisión do modelo urbano desde o primeiro momento.
• Empregos e vivendas deben concentrarse en torno ás estacións de transporte público, con densidades medias e altas, que poden diminuír ao afastarse delas.
• Comercio, servizos e espazos públicos de calidade deben achegarse a ditas estacións, e en xeral todas as actividades xeradoras de viaxes.
• Para elas debe polarizarse a trama urbana, e en especial a peonil e a ciclista.
• O planeamento debe considerar á bicicleta como un medio de transporte de gran eficiencia potencial, coa mesma atención que se dedica a outras formas de desprazarse.
• Deseñaranse infraestruturas específicas que garantan a seguridade dos ciclistas e ofrezan condicións confortables de utilización, conformando redes que cubran as grandes itinerarios de movemento do contorno metropolitano.
• Conexión intermodal nos puntos estratéxicos do transporte público, con estacionamentos seguros e suficientes para bicicletas e automóbiles.
• Debe tenerse en conta o desprazamento a pé como un medio de transporte urbano, masivo e económico, ao mesmo nivel que o resto dos sistemas de transporte.
• Focos potencialmente xeradores de desprazamentos deben situarse a distancias razoables das zonas de demanda, e comunicarse con elas mediante itinerarios para viandantes.
• A rede de itinerarios peonís principais que conecte as zonas urbanas entre si non ten por que coincidir coa rede viaria rodada, senón que debe buscar a optimización funcional, de seguridade e confort, deses desprazamentos.
• Nos lugares de coincidencia de ambas redes se tomarán medidas de morno do tráfico que reduzan a circulación automóbil a intensidades e velocidades compatibles co uso peonil seguro.
• Debe desincentivarse aparcar en centros urbanos e outras zonas congestionadas, mediante unha severa limitación do número de prazas de aparcamento de longa duración, porque cada unha delas supón que un automóbil máis acceda cada día a estes lugares.

Autocontención

O que podemos concluír pode contradicir en aparencia o detallado programa de actuación que acabamos de bosquexar.
Observaba Antonio Gramsci que o que fai utópica (no sentido pexorativo do termo, isto é, un sono irrealizable) a aspiración ao ideal, non é a afirmación do principio moral (igualitario) que comporta esta aspiración, senón o detalle sobre o que debe ser a sociedade do futuro.
O defecto das utopías consiste en crer que a previsión pode selo de feitos concretos, sendo o razoable pensar que, en cuestións sociopolíticas, a anticipación só pode selo de principios ou de máximas xurídicas, que son moral en acto, creación da vontade humana.
Para dar a esa vontade colectiva unha dirección determinada, hai que proponerse como meta o único que razoablemente pode selo; noutro caso cae no detallismo, e o exceso de detalle anticipado sobre a organización do futuro pode entusiasmar en principio, pero logo fai decaer a vontade individual e colectiva, e o entusiasmo inicial decae en mera ilusión, ou en desilusión escéptica.
As persoas que se consideran realistas tenden a pensar que as aspiracións a outro orde social son tanto máis utópicas canto máis xenéricas e de principios, porque así se deixan moitos cabos soltos na concreción da sociedade futura.
A aspiración a "outro mundo posible" non pode consistir nun programa detallado para o futuro, aínda que pareza razoable que se non perfílase con certo detalle como deben ser a cidade e a sociedade por vir será difícil mover a ninguén para cambiar as actuais. E ata onde pódese anticipar unha orde nova, cando si chegou á conclusión de que son utópicos, tanto os intentos de basealo en máximas xurídicas en forma de vagas tendencias esenciais, como os de prefigurar en detalle o que será unha sociedade futura?
Podemos facelo pola vía negativa. Non dicindo: "a futura sociedade será así e así", senón dicindo máis ben: "a futura sociedade non poderá ser así e así". Nin poderá exceder as capacidades humanas, nin deberá contradicir os principios xurídico-morais que nos propoñemos respectar. Como Maquiavelo, debemos aspirar a "coñecer os camiños que conducen ao inferno para evitalos".
Os camiños do inferno son na nosa época os do desenvolvemento a ultranza, o crecemento ilimitado do capital a custa do noso futuro máis inmediato. Parar o tren de los hermanos Marx, que avanza acelerando para o desastre mentres se queima a si mesmo. Naturalmente, non podemos detenerlo poñendo unha rocha en metade da vía: esta forma de deterse é precisamente a que farao pararse bruscamente, se persiste na súa tendencia natural. Pero coa forza da reflexión e do coñecemento do que hai poderemos (deberemos) investir esa tendencia.
O noso principio moral, que se debe traducir en condutas concretas, debe ser: non podemos seguir contribuíndo a configurar unha sociedade horrorosa (sen dúbida esa é a súa tendencia cega) sen proponernos construír outra, na que ao principio do beneficio dos particulares (¿e de que particulares...?) se contrapoña o do interese xeral, colectivo, comedido, posible, conscente...

jueves 28 de febrero de 2008

MITIN EN PONTEVEDRA

YOLANDA DÍAZ, COORDINADORA XERAL DE EU, ESIXE A REFORMA DO SISTEMA ELECTORAL

lunes 25 de febrero de 2008

O DIÑEIRO É DÉBEDA

¿Queredes entender como nos ten amarrados ó seu carro o poder financieiro?
Neste video veredes que o sistema non ten saída.Pensade onde pode acharse unha solución.

O diñeiro é débeda
é un documental didáctico onde
se explíca como se crea e funciona o diñeiro. Unha vez visionado un xa pode facerse unha idea de cómo funciona o noso agradable mundo financeiro e social. É arrepiante, entre outras frases que mencionan no documental, a do banqueiro Meyer Rothschild, fundador da dinastía Rothschild:
-
"Déanme o control do diñeiro e xa non importará quen faga as leis."